Sir Edward James, sociedad y naturaleza

Sir Edward James, society and nature

Sir Edward James, sociedade e natureza


Eduardo De la Fuente Rocha
Universidad Autónoma Metropolitana, México
fuentee@correo.xoc.uam.mx

 

Resumen
El presente trabajo estudia elementos de la vida del artista Sir Edward James, tales como conductas provenientes de su familia paterna y materna —esta última una mezcla de aceptación y rechazo—, con la finalidad de comprender mejor su imagen. James solía actuar a partir de rituales y apoyar a determinados artistas en el desarrollo de sus obras. Su tendencia a saltarse las normas era una manera de reconciliarse consigo mismo y de ordenar su psique, fragmentada desde que era un niño, para reencontrar su esencia humana.

Palabras clave: arte, psicología, surrealismo, Xilitla.

Abstract
The present work studies elements of the life of the artist Sir Edward James, such as behaviors coming from his paternal and maternal family —this last a mixture of acceptance and rejection—, with the aim of understanding better its image. James used to act based on rituals and support certain artists in the development of his works. Its tendency to skip the standards was a way to be reconciled with himself and order his psyche, fragmented since he was a child, to meet its human essence.

Key Words: art, psychology, Surrealism, Xilitla.

Resumo

Este artigo analisa elementos da vida do artista Sir Edward James, tais como o comportamento de sua família paterna e materna -o último uma mistura de aceitação e rejeição, com o objectivo de compreender melhor a sua imagem. James usado para agir em certos rituais e artistas de apoio no desenvolvimento de seus trabalhos. Sua tendência a quebrar as regras era uma maneira de reconciliar consigo mesmo e ordene a sua psique, fragmentado desde que eu era uma criança, para redescobrir sua essência humana.

Palavras-chave: arte, psicologia, surrealismo, Xilitla.

Fecha recepción:   Enero 2016                                          Fecha aceptación: Julio 2016


  

Introducción
La historia del excéntrico millonario Sir Edward James inicia con sus antecesores, quienes formaban una familia acaudalada y hábil para los negocios; comerciaban madera, cuyas ganancias invertían en ferrocarriles y cobre. James pensaba que sus familiares eran un puñado de ricachones puritanos.
Su abuelo paterno, un estadounidense miembro de la opulenta familia minera Phelps Diodge, decidió irse a vivir a Inglaterra, donde tuvo tres hijos: Arthur, Frank y William, este último padre de Edward James. Durante su juventud los tres hermanos se dedicaron a viajar por el mundo en busca de aventura. Tiempo después Frank murió en Somalia al ser aplastado por un elefante, suceso que hizo reflexionar a Arthur y a William y hacerlos sentar cabeza.  
William adquirió la propiedad de West Dean además de una gigantesca extensión de terreno en la región de Sussex, Inglaterra, y después se casó con una inglesa a quien tenían por hija natural del Rey Eduardo VII. A pesar de que su familia tenía una marcada tendencia a hacer negocios, Edward James eligió el camino del arte. Su familia se dedicó a acumular abundante riqueza, que él utilizó para apoyar a múltiples artistas. Edward James se dedicó a ser el mecenas de varios artistas y a comprar pinturas, que después vendía para recuperar lo invertido y obtener ganancias.
A pesar de que su familia era puritana, él no mostró interés en estudiar la Biblia. Pero sí heredó la tendencia familiar de criticar constantemente lo establecido con  una actitud disidente; ellos en su momento criticaron a la Iglesia católica y a la Reyna Isabel I de Inglaterra. James manifestó este rasgo de carácter cuando decidió no seguir la vida del comercio y enfocarse en el arte, llevando una vida de introspección dedicada al surrealismo que menospreciaba los preceptos sociales.
El puritanismo de la época preconizaba como ideal que todos tuviesen acceso a la  educación. En este sentido, Edward también se comportó de acuerdo a la tendencia familiar al ser fuente de apoyo para el desarrollo de artistas e intelectuales. Es posible que familiares suyos, como William James -el filósofo- o Henry James -el novelista-, sirvieran como sus modelos en su incursión en el mundo intelectual y del arte.
Su nombre completo era Edward Frank Willis James; Edward porque era descendiente del Rey y Eduardo VII era su padrino. Su segundo nombre, Frank, tenía que ver con el hermano de su padre, de quien no solo heredó una gran fortuna sino también el modelo de un hombre que vivió libremente. De hecho el nombre Frank significa “hombre libre”, en referencia al nombre de la tribu germana de los Francos. El tercer nombre, Willis, significa el hijo de William, es decir, el nombre de su padre, que significa protector. Como se puede observar, su nombre tenía significados que habrían de influir en su comportamiento futuro.
Edward James nació en 1907 -cuando su padre tenía 57 años y su madre 39-. Tenía cuatro hermanas mayores que él. Cuando tenía cinco años de edad su padre murió, así que solo convivió con sus hermanas y su nana, a quien más adelante describiría como una mujer dulce y cálida. Por otro lado, James dijo que su madre era una mujer fría, rígida y distante; una dama proveniente de la renombrada familia Forbes, perfectamente vestida y de la mayor clase. Elizabeth Evelyn Forbes, madre de James, era presuntamente hija ilegítima del Rey Eduardo VII, quien visitaba con asiduidad a la familia desde su juventud y continuó haciéndolo aún después de que Elizabeth se convirtiese en madre.
A Evelyn le molestaba no tener un título de nobleza. Por ser hija del rey hubiera podido ser princesa, pero la conducta de su madre –Helen- lo impidió. La madre de James se avergonzaba de los Forbes por su rebeldía hacia la monarquía, lo que ocasionó la pérdida del título nobiliario de la familia. Con su conducta obsesiva, como el exagerado perfeccionismo en el cuidado de su indumentaria, su rigidez social y el afán de mantener alejado a su hijo de ella, intentaba ocultar el secreto familiar. Edward James heredó de su madre los rasgos obsesivos como se verá más adelante.  
Un año después de fallecido el padre de Edward, su madre contrajo matrimonio con John Chaytor Brinton, miembro de la Casa Real. Estuvo casada con él hasta 1927, año en el que fue anulado su matrimonio y una vez más quedó vetada su posibilidad de ser reconocida como noble. Dos años después murió. Por su parte, Edward creció en internados, lejos de su familia.
La relación entre Edward James y su madre fue distante. Creció acompañado de sus cuatro hermanas y del perso­nal de servicio. Con su elegante madre ataviada con modelos de Worth casi no tuvo contacto. Hubo una anécdota dolorosa que quedó grabada en la memoria del poeta: su madre pidió que le trajeran a uno de sus hijos para acom­pañarla a la iglesia y la sirvienta preguntó cuál de ellos. La dama respondió molesta: “¿Cómo he de saberlo yo? El que combine con mi vestido azul.
Edward describía a su madre como una persona necesitada del reconocimiento de los demás hasta el punto de que su arreglo personal obedecía al deseo de ser aceptada en una clase social especial. La abuela de Edward –Helen- había sido la amante del príncipe de Gales, provocando que Elizabeth fuese proscrita de su origen noble. Además ella señalaba que por haberse casado con el señor James había perdido la posibilidad de pertenecer a la nobleza.  
Estos hechos propiciaron que Edward James rechazara a su madre, primero porque ella misma lo había rechazado, y segundo porque al llevar el nombre del Rey le recordaba constantemente a ella la falta familiar, haciéndolo sentirse menos aceptado que los demás. Todo esto sentó las bases de los rasgos obsesivos de Edward. Cuando alcanzó la mayoría de edad y pudo salir de los internados donde había sido recluido por su madre, él también la excluyó de su corazón.


La psique de James
Como ya se mencionó, Edward James nació el 16 de agosto de 1907 en Greywalls, Escocia, y meses más tarde fue trasladado junto con su madre a West Dean, Inglaterra. Tuvo una infancia solitaria, pero saturada de normas sociales y restricciones sobre la buena conducta, la siesta y el estudio. El infante no podía salir a jugar al jardín porque iba en contra de las buenas costumbres, así que creció en él la necesidad de escapar de la claustrofóbica sociedad victoriana. Para ello inventó mundos mágicos: imaginaba una secreta ciudad amurallada en donde podía vivir sin la censura e hipocresía de la alta sociedad inglesa. La negación de su infancia fijó en Edward rasgos narcisistas megalómanos; por ejemplo, cuando se refería a su obra en Xilitla decía que sus esculturas y torres eran gigantescas. Esto lo declara en el documental The Secret Life of Edward James, George Melly's documentary film de 1975, donde además se autodefine como un niño grande y caprichoso.
Excéntrico y dominante, no aceptaba un no como respuesta. Una ocasión llevó sus boas al hotel Francis en la Ciudad de México, les rentó una habitación, les consiguió ratones y ratas de laboratorio que les sirvieran de alimento, pero finalmente todo se salió de control y los ratones escaparon. El propio Edward decía que a él le gustaban los animales porque no podían responderle y que era odiado por los intelectuales, quienes lo comparaban con un niño grande y excéntrico.
La experiencia de una infancia rígida exacerbó su afán de controlar y de cumplir con las normas, a la vez que le quitaba la posibilidad de experimentar la vida que le correspondía. Edward James deseaba libertad al tiempo que se veía encerrado dentro del modelo materno, privado de la posibilidad de vivir su vida normalmente. Esta oposición entre lo que se le permitía y lo que deseaba le generó frustración y un gran enojo contra un sistema al cual deseaba destruir ya que le recordaba a su madre. La necesidad de ocultar esta pulsión destructiva y su identificación con los rasgos de personalidad de la madre lo llevarían más tarde a desarrollar una conducta obsesiva en la que los rituales de limpieza ocultaban sus pulsiones agresivas.
James tenía una personalidad anal y controladora. Dueño de una gran fortuna, buscaba dirigir la conducta de los demás, pero tratando de mostrar una imagen pura. Viajaba con enormes cantidades de papel higiénico, era extremadamente pulcro y lavaba sus manos continuamente. Joe Le Suer, uno de sus ex secretarios, comentó que James tenía manías y que una de ellas era lavarse las manos constantemente. Una mañana calculó cerca de 28 ocasiones en las que repitió este acto.
Otro de sus ex secretarios, Martín Ramos, relata que cuando solicitó trabajo al millonario este le dijo que acostumbraba que sus secretarios trabajaran desnudos y luego le preguntó si tenía algún problema con ello. Aceptó porque era algo que hacía por lo general cada vez que iba a nadar. Este mismo ex empleado también relató que cuando algún papel se le caía al piso, por órdenes de James tenía que ser desechado porque se había llenado de microbios, después tenía que ser quemado y por último tirado en el excusado.
Durante su adolescencia, Edward James buscó un lugar donde pudiera echar a volar su imaginación, ya que estaba en un continuo estado de angustia producto de las rígidas normas de la aristocracia inglesa. Desde la adolescencia la falta de libertad le generaba ansiedad, es decir que el encierro en el que había vivido formó en él rasgos de rechazo al hacinamiento que después se constituirían en rasgos claustrofóbicos. Por otro lado, buscaba espacios abiertos donde pudiera contemplar la naturaleza.  
Cuando cumplió catorce años escribió sus primeros poemas y un año más tarde ganó el premio Geoffrey Gunther Memorial Drawing Prize. Desde entonces buscó liberarse siguiendo el camino artístico de su antepasado Henry James, quien se había apartado físicamente de la familia para dedicarse a lo que deseaba. 
De acuerdo con Elena  Poniatowska en su artículo “Un mural en la selva, el de Leonora Carrington”, había algunas coincidencias entre Leonora Carrington y Edward James. “Edward James tuvo la misma infancia compuesta de estrictas reglas de conducta, trajes bien cortados, internado en Eton, en Oxford; clases de equitación y de privilegios que a veces se pagan muy caros por lo que tienen de represores”.
En su juventud, Edward, al igual que su padre y sus tíos, continuó con el patrón de viajero aventurero y se volvió un trotamundos, ya que viajaba constantemente y pasaba largas temporadas en diferentes sitios. La alta sociedad le parecía hipócrita, llena de convencionalismos y reglas absurdas. “Fue un nómada que dividía su tiempo entre las casas que tenía en distintos continentes y cuando sentía la necesidad de escapar de ellas, huía a elegantes hoteles en donde se instalaba por tiempo indefinido y ahí organizaba prolongadas tertulias con sus amigos”.
Al ser el único hijo varón heredó la totalidad de la fortu­na de su padre, que se incrementó con la de su tío Frank. In­mensamente rico, se dedicó a comprar obras de arte. Su necesidad era adquirir formas armónicas, libres y creativas producto de la expresión del artista, así como la percepción llena de asombro del espectador. Para James la libertad provenía del alma, de ahí su pasión por el movimiento surrealista.
En 1926, aproximadamente entre los 18 y 19 años de edad, ingresó a la Facultad de Bellas Artes en la Universidad de Oxford. En esa época escribió poemas y su primer libro de versos. A esa corta edad, James decidió formarse como artista, pero enfrentó el problema de las normas y el encierro. La escuela era un lugar cerrado, así que rechazó el encierro y la abandonó. Lo mismo se observa más adelante cuando al ser empleado de la embajada de Gran Bretaña en Roma se negó a aprenderse las reglas de redacción y fue despedido.
Dos años después conoció a la austriaca Ottilie “Tilly” Ether Losch, la prima ballerina de la ópera de Viena. Edward le pidió matrimonio, pero su unión duró solamente un par de años debido a las numerosas infidelidades de ella, las cuales cada vez fueron más evidentes, por ejemplo, con el príncipe ruso Sergei Obolensky. Edward le reclamó su conducta, pero ella terminó por abandonarlo. Tilly era ocho años mayor que él.
Tras ser abandonado por su esposa, James financió la compañía de ballet donde ella trabajaba para hacerla volver e incluso fue promotor de Losch. Con ello James adquirió fama de generoso mecenas dentro del círculo artístico parisino. Además patrocinó a George Balanchine (1904-1983), bailarín y coreógrafo ruso que pertenecía a la compañía de Les Ballets, en la cual Tilly Losch trabajaba. Por medio de Edward se crearon dos ballets para ella como primera bailarina, uno de ellos llamado The Seven Deadly Sins (Los siete pecados capitales).10 Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos no logró que se quedara con él y ella finalmente le exigió el divorcio. Él la acusó de haber sido infiel y ofendido se recluyó en West Dean durante algún tiempo. Nunca volvió a casarse y no tuvo hijos.
Edward se había casado con una mujer mayor que él, con quien propiamente no tuvo relaciones íntimas. De hecho durante el proceso de divorcio ella lo acusó de homosexual y él a ella de infiel. El matrimonio no dio buenos resultados. Debido a la diferencia de edades se trató de una relación con rasgos edípicos. Su padre murió cuando él tenía cinco años de edad, el momento en que más lo necesitaba para la disolución edípica. Y cuando pudo quedarse con la madre ella decidió casarse nuevamente, lo cual representó para Edward una traición, un rechazo y un abandono.
A un año de la muerte de la madre, James estuvo trabajando en Roma como funcionario del servicio diplomático de Gran Bretaña; sin embargo, tras un periodo corto fue depuesto. Michael Kernan menciona en su artículo sobre Edward James que su desempeño laboral “casi provocó un incidente por sus traducciones defectuosas, así que fue despedido.
Durante su estadía en Italia conoció el trabajo del pintor Salvador Dalí (1904-1989), por lo que decidió trasladarse a España para conocerlo. Tras este encuentro, James le propuso ser su mecenas, por lo que le pagaría cerca de 1000 dólares mensuales exhortándolo a pintar menos pero con mayor calidad; de esa manera se convirtió en coleccionista de sus obras, además de las de otros artistas surrealistas.
En cierta ocasión Dalí dijo lo siguiente sobre James:  
Mira, nos movemos entre una serie de seudo-surrealistas de receta, que obviamente por ello lo que producen son porquerías, pues se aparentan locos para justificarse, en cambio tú que estás realmente loco haces esfuerzos por aparentarte cuerdo.
En su residencia principal -West Dean- también hizo creaciones surrealistas, Mandó entretejer las pisadas de Tilly Losch en la alfombra que conducía a la parte superior de la casa y en la mansión de Monkton colocó unas molduras de madera en forma de toallas. Dalí creó para él un sofá inspirado en los labios de la actriz hollywoodense Mae West.
En 1935, James escribió su única novela El jardinero que vio a Dios; y ese mismo año mostró con mayor vehemencia interés por el movimiento surrealista, dando como resultado su financiamiento para la producción de la revista Minotauro (1933-1939), cuyas portadas fueron diseñadas por Pablo Picasso. Alrededor de esta época se convirtió en mecenas de algunos otros pintores surrealistas como René Magritte -de 1937 a 1938-. Años más tarde compró algunos trabajos de Leonora Carrington a pesar de que todavía no era una artista reconocida.
Para 1937 James ya estaba sumamente ligado al movimiento surrealista que se inspiraba en el inconsciente, motivo por el cual visitó a Sigmund Freud, máximo exponente del psicoanálisis, apoyado y acompañado por Stefan Zweig, escritor, activista social y biógrafo de María Estuardo y Fouché.
James, harto de los avatares de la guerra después de que esta estallara en 1939, decidió dejar el antiguo continente para instalarse en Estados Unidos. Ahí compró dos propiedades, una en Hollywood y otra en Malibú. Fue el principal patrocinador del pabellón surrealista de la Feria Mundial de 1939 en Nueva York. La organización de esta provocaría un conflicto que separaría definitivamente a James de Dalí, aunque años más tarde (1978) este último buscó una reconciliación con James invitándolo a la celebración de la que iba a ser objeto en la Academia de Bellas Artes.
Entre 1940 y 1944 James permaneció sobre todo en Estados Unidos, y aproximadamente en 1943 tuvo contacto con la corriente espiritual budista y con la meditación, que por esos años estaba tomando fuerza en California. En ese periodo se puso bajo la tutela de Krishnamurti junto con el escritor Aldoux Huxley.

Aldous Huxley le había hecho ver a James que el Universo se percibe de una manera familiar, pero con la ayuda de ciertas sustancias puede comprenderse algo más. Algo fundamental: este está conformado por mundos dentro de mundos dentro de mundos… el sueño dentro del sueño dentro del sueño… delquedespiertas solopara encontrarteen otrosueño.

James relata su propia experiencia con hongos alucinógenos, precisamente el día que cumplió 50 años, sobre la cual escribió un artículo en la Revista Snob con fecha del 15 de octubre de 1962, dirigida por Salvador Elizondo y dedicada al tema de las drogas en el ámbito del arte (número que, por cierto, Edward financió).

A finales de la década de los treinta, James desarrolló un proyecto: quería construir un santuario, el Jardín del Edén en la tierra, y para ello su primera opción fue California, Estados Unidos. Pero en 1944, Huxley lo invitó a él y a Erich Fromm a su casa de descanso en Cuernavaca, Morelos. En suelo mexicano conoció a Plutarco Gastelúm Esquer, un joven norteño que en aquel entonces trabajaba como gerente en la oficina de telégrafos. Con este hombre habría de entablar una amistad cercana. Gastelúm sabía de la predilección de James por las orquídeas, así que le comunicó que en una región de la Huasteca Potosina se daban de forma natural, por lo que decidieron visitar Xilitla. Al llegar al lugar James quedó prendado e incluso llegó a decir que para su proyecto del Edén “México era increíblemente más mágico y romántico que California”.
Ese mismo año James conoció a Leonora Carrington en Acapulco. Años después de este encuentro, en 1948, James fungió como uno de los organizadores de la exposición de la obra de esta pintora en la Galería Pierre Matisse de Nueva York. Lo sorprendente es que en un inicio el mismo James le restó valor a la obra de la pintora, argumentando que sus pinturas eran muy caras para ser una artista poco conocida, Carrington arremetió en aquel entonces contra Edward y tras este evento se inició una larga amistad entre ambos. “…James viviría entre México e Inglaterra hasta su muerte, intercambiando correspondencia y recibiendo en Xilitla las visitas de otros surrealistas, como Leonora Carrington”.

Leonora y James fueron amigos entrañables, lo que queda al descubierto en su fascinante correspondencia, especialmente la que pude leer en West Dean. Es a Leonora a quien James más envidia y ama. Ella era su yo ideal, quien lo incendiaba con sus cuentos y sus imágenes fantásticas  y surrealistas y su insistente desprecio por el dinero, ante el que -según James- se ponía agresiva y como loca.

Leonora Carrington complementó la personalidad de Edward James. Mientras una despreciaba el dinero, el otro lo utilizaba para posicionarse; mientras ella estaba abriéndose un espacio para ser reconocida, él había logrado colocarse como el mecenas de los surrealistas. A pesar de ello, los unía su pasión por hacer realidad sus sueños.

Es porque compartimos tantos errores en común —como un desprecio por los negocios y una flojera de cobrar lo que es nuestro—, que te entiendo tan bien. Pero cuando uno ha desatendido sus derechos por años, uno no puede hacer que de pronto la gente lo respete aventándose a fondo y gritando (metafóricamente) en las azoteas: ¡de ahora en adelante nadie me va a gorronear! ¡Ya no quiero caerle bien a nadie y voy a dejar que todo el montón de gorrones se entere de cuánto lo desprecio!
Existe una anécdota sobre Carrington y Edward James acerca de la posibilidad de que él le pidiera matrimonio. Ella, que también tenía esta idea en la cabeza, le esperaba en su habitación acostada en la cama, esperó largo rato y entonces pensó que le era imposible casarse con un hombre que tardaba tanto tiempo en arreglarse, por lo que desistió de la idea de casarse con él. Saliendo Edward del baño, a su vez pensó que jamás podría casarse con una mujer que había dejado tal desastre en su cama.
Cuando estuvo en la Huasteca Potosina en 1945, James en la compañía de Plutarco visitó Xilitla donde vio el majestuoso paisaje natural lleno de vegetación y con nueve estanques naturales (pozas), paraíso que en ese entonces formaba parte del rancho cafetalero “La Conchita”.
Bañándose en esas pozas vio como signo premonitorio el hecho de que uno de sus acompañantes, el texano Roland Mckenzie, quedó envuelto en una colonia de mariposas y se convirtió en [el hombre mariposa]. Edward James había encontrado su santuario particular.
Dos años después, James compró la propiedad de Las Pozas y los terrenos aledaños que sumaban cerca de 37 hectáreas y empezó a construir un jardín zoológico. Se adecuó el terreno para que pudieran cultivarse miles de orquídeas, trayendo algunos especímenes de otros lugares para aprovechar la riqueza natural de las tierras. Más adelante, en 1962, James sufrió la pérdida de sus orquídeas. “Construyo simplemente porque me gusta ver algo bonito, porque la viva tierra mexicana me lo sugirió. Ya es­taban ahí, yo solo las materialicé. Se me murieron diez mil orquídeas y me hice a la tarea de crear algo más resistente que soportara las heladas”.
En 1956, Plutarco -el guía y amigo de James- se casó con Marina Llamazares, con quien tuvo cuatro hijos: Leonora, Plutarco, Inés y Gabriela; para ellos Edward sería como un tío rico, un Santa Claus personal, según lo declarado por Plutarco Gastelúm hijo.
A finales de 1962 inició el diseño y la construcción de las formas que había imaginado, imágenes que serían materializadas por el señor Carmelo Muñoz (maestro constructor) y el señor José Aguilar (maestro carpintero), pobladores de Xilitla. El señor Muñoz contaba que cuando él y su esposa conocieron a Sir Edward James, el señor Carmelo le había gritado a su esposa para que esta se acercase, y en esos momentos James escuchó el llamado a Otilia (la señora Cisneros). Edward entonces les dijo que él también estuvo casado con una mujer llamada Otilia, haciendo referencia a Tilly Losch. Tras este encuentro, el inglés le pidió a Plutarco que contratara al señor Carmelo para que le ayudase a construir su sueño en las pozas. Esto último lo relató la señora Cisneros en una entrevista con fecha de noviembre de 1998.
Don Carmelo Muñoz Camacho y don José Aguilar, además de una gran cantidad de ayudantes, comenzaron la construcción del santuario zoológico que James tenía en mente. Edward iba y venía a Xilitla en esa época. Continuó viajando por el mundo aunque pasaba temporadas en las pozas o en casa del matrimonio Gastelúm.
Para la construcción de Las Pozas, Edward James no recurrió a la asesoría de profesionales, simplemente dibujaba sus ideas para que se hicieran moldes de madera que luego llenaban con concreto.
Empezaron a surgir fuentes, miradores, pabellones, arcos, puentes, escaleras y terrazas que construía [por pura me­galomanía], con preferencia por lo insólito sobre lo armó­nico y por lo original sobre lo estético. Hay manos que surgen de la hierba, serpientes multicolores que protegen pasillos y flores de lis cerca de contrafuertes que no con­trarrestan peso alguno.
El rasgo narcisista de James se convirtió en sustento de una expresión profunda del psiquismo universal. La naturaleza se enlaza con formas desarticuladas, caprichosas que recuerdan la psicología profunda con la que un bebé empieza a construir su visión personal de la vida. James en su obra renuncia a las estructuras institucionalizadas y retorna a la búsqueda de su propia esencia, de su self. Trata de encontrar la armonía entre los elementos espontáneos que la mente crea permitiendo que sea la naturaleza misma la que se encargue de articularlos y hacer que se integren de manera espontánea a esa realidad interior a la que James llamó Jardín - Edén en la tierra.
En esta etapa, el dinero se ha convertido en un acto de generosidad que tiene como finalidad honrar a la tierra. Maurilio García Chávez, un obrero que trabajó en ese entonces en la construcción de las Pozas, dijo: “don Eduardo era muy generoso, nos pagaba por las largas jornadas cerca de $10.00 la hora, cantidad que era muy superior a lo ofrecido por otros contratantes quienes pagaban entre $1.50 y $2.00 pesos diarios, esto hacía que los trabajadores se sintieran felices de trabajar para él”. La obra inconclusa tardó en erigirse cerca de veinte años y se estima que costó cerca de seis millones de dólares.
Edward fue generoso y derrochador con respecto a la construcción de su obra, cuya característica fue una especie de labor inacabable y entremezclada con la naturaleza salvaje dentro del marco surrealista. Invitaba a pensar en la atemporalidad y el poder de la siempre posibilidad creadora que existe en la naturaleza. Un ejemplo de ello lo describe la siguiente cita:
Las habitaciones diseñadas por James se hallan perenne­mente abiertas a la luz y a los trinos de las aves. Sus edifi­cios crecieron protegiendo los árboles, sin destruir su entor­no, mientras el dueño paseaba solitario entre las sombras al final de la jornada. Y las bautizó con nombres poéticos: Casa de tres pisos que pueden ser cinco; Casa con techo pareci­do a una ballena; Puente de flor de lis y Cornucopia.
Característica común en las diversas casas son las estrechí­simas puertas diseñadas así -según su dueño- para “mante­ner fuera a la gente gorda”, y el leve murmullo del agua que les acompaña mientras cae en los estanques; prosigue en el río y se vuelca en las cascadas. Por todas las ventanas sin cristales se filtra la luz, se oyen los trinos de los pájaros y entra el aire fragante de la selva.
La mente de James había dejado de servir a los reyes para servir y honrar a la naturaleza. No era una obra para el consumo humano, sino para alimentar a la selva. Honrando a la naturaleza se fundía con ella y adquiría atemporalidad. Había sido rechazado al inicio de su vida por su madre, pero ahora se había reencontrado en la gran Madre.
Esta obra arquitectónica fue construida tras la interpretación de las ideas de Edward por parte de aquellos que dirigieron las construcciones -según lo relatado por la señora Otilia Cisneros-, dado que James enviaba en ocasiones dibujos a su esposo con sus ideas en papel. Ocasionalmente el millonario visitaba en Ciudad Valle a la familia Muñoz Cisneros para afinar detalles sobre la construcción, y les contaba anécdotas de sus viajes. La familia le recuerda escribiendo largas horas en una máquina de escribir, y años más tarde se percataría de que redactó un libro: El jardín de los sueños.
Durante sus visitas, James fue recordado como un excéntrico inglés que al llegar al pueblo se transformaba al ponerse sus huaraches, jorongo y un bastón de madera para estar más cómodo. De esta manera y con naturalidad se paseaba por el pueblo e iba a su Jardín-Edén en Xilitla. Edward James se vistió entonces con el traje de la sencillez convirtiéndose en un guía para los seres que quieren desarrollar su self, homenajeando a la vida.
En 1972, Plutarco Gastélum Esquer enfermó del mal de Parkinson. Dadas las condiciones familiares de James, quien dejó de tener contacto con sus hermanas y padres, “quizá Plutarco y su esposa Marina fueron lo más cercano a una familia para él”.
En 1981 fuera de México se realizó una subasta donde James puso a la venta algunos cuadros de Dalí y de Magritte, entre otros. En esta subasta se vendió la pintura “El sueño”, que llegó a alcanzar la cifra de 360 000 libras. Las ganancias compensaron el patrocinio y la confianza brindada por el mecenas a los pintores en ciernes.
En 1983, Marina -esposa de Plutarco Gastelúm- murió de cáncer. Edward James no regresó más a Xilitla. Un año más tarde falleció después de tener una embolia mientras estaba en San Remo, Italia. Las construcciones de Xilitla quedaron a nombre de Plutarco Gastelúm hijo. El cuerpo de Edward fue llevado a Inglaterra y sepultado en West Dean Park, sede de la Fundación Edward James.
Actualmente se intenta conservar la obra de Edward James en Xilitla, pero cada día es devorada por la naturaleza. Preservar su obra paradójicamente es ir en contra de lo que el inglés quiso hacer: homenajear a la naturaleza y a la vida.

Conclusión
En Edward James podemos encontrar al representante de un secreto familiar. Su origen conlleva una contradicción: por una parte está el orgullo de que en la familia Forbes había un descendiente del rey de Inglaterra y por otra la vergüenza oculta en esta familia por el origen ilegítimo de Evelyn Forbes, madre del artista. Aceptación y rechazo convivieron en Edward James durante toda su vida,  generando la primera el desarrollo y apoyo al arte y el segundo la conformación de una psicología obsesiva, aprendida de la propia madre.
James nos da un ejemplo de humanismo. Para él era más importante el ser humano que seguir las normas y cánones establecidos por la sociedad. Su obra más que un desafío a las propuestas sociales fue una invitación a adentrarse en el lenguaje del inconsciente y en el arte para poder encontrar la naturaleza que habita en cada uno de nosotros.
La psicología del artista muestra cómo después de que fue excluido por su madre pudo desarrollar un proceso de crecimiento personal al convertirse en mecenas del movimiento surrealista, apoyando la creación artística. Ese fue su primer acercamiento al reconocimiento de valores profundos. Su obra respetaba la naturaleza, donde reconoció el arquetipo de la gran madre. Debido a ello se puede considerar que su obra es como una ofrenda efímera a la vida misma.

Bibliografía 
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